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¿Qué hacer cuando la productividad me ahoga?

Creo no ser la primera en reflexionar sobre los frenéticos ritmos de vida a los que estamos sometidos. Vivimos en una sociedad donde perder el tiempo es un pecado y la sensación continua de ser productivo, una necesidad. No paramos, no nos escuchamos, no nos miramos…. Vivimos con el piloto automático activado tratando de cumplir metas que, a veces, se vuelven inalcanzables: una doble titulación y un par de máster, experiencia laboral a temprana edad, un trabajo bien remunerado a costa de nuestras horas de descanso…

En un mundo en constante movimiento hemos normalizado frases como: “No llego a todo”, “Con todo lo que tengo que hacer, me faltan horas en el día”, “¡la de cosas que tengo pendientes!” … Por ello, permitámonos poner punto muerto durante unos minutos y parémonos a reflexionar sobre las consecuencias de este estilo de vida en formato cuenta atrás:

Vivimos con el piloto automático activado tratando de cumplir metas que, a veces, se vuelven inalcanzables.

  • No escuchamos a nuestro cuerpo, ni sus necesidades: la presión constante por cumplir plazos y responsabilidades puede hacer que el cuerpo se mantenga en un estado constante de alerta. Así, llegará un punto en el que, si nosotros no paramos, lo hará nuestro cuerpo sin previo aviso: contracturas, dolores de espalda, mareos, ansiedad… Muchos de ellos, síntomas que, aunque frecuentes, no deberíamos normalizar.
  • Vivimos tocando la superficie sin estar en contacto con el aquí y el ahora: nos pasamos la mayor parte del día sin ser plenamente conscientes de qué hacemos, con quién, para qué… Nos dedicamos simplemente a tachar casillas en nuestra lista de tareas pendientes. No damos prioridad, no elegimos, nos dejamos llevar por las exigencias del día a día. Es normal, por tanto, que muchas veces tengamos la sensación de que el tiempo se escurre entre nuestros dedos: nos hemos acostumbrado a cumplir expectativas sin poner en foco en lo que tenemos que hacer o en lo que queremos hacer. Del mismo modo, no es raro que sintamos que la vida carece de sentido si dejamos de alimentar todas aquellas áreas que también conectan con nuestra autorrealización (pareja, familia, amigos…)
  • Nuestras relaciones interpersonales pueden deteriorarse: la presión constante por cumplir plazos o realizar tareas puede derivar en una falta de tiempo de calidad con amigos y seres queridos que, muchas veces, desemboca en tensiones y distanciamientos.
  • Efecto paradójico: aunque actualmente se busca hacer más y más en menos tiempo, la prisa constante y la batalla contra el reloj pueden disminuir la productividad. Vamos a toda pastilla y así, planificación y concentración pueden verse perjudicadas, lo que se traduce en tareas realizadas de manera apresurada y con menor eficiencia.
  • Falta de autocuidado (¿dónde quedo yo?): hemos normalizado hasta tal punto tener una vida acelerada, que ignoramos nuestras necesidades más básicas de salud física y mental.
  • Muchas veces no somos congruentes con nosotros mismos: son muchos los casos en los que no hay coherencia entre lo que para nosotros es importante y a lo que dedicamos nuestro tiempo y recursos. Véase el papá que se pierde los partidos de su hijo por estar enganchado a una reunión online, cuando para este padre ver a su hijo jugar es más importante.

A todo lo anterior se suma la culpa que nos invade “porque “deberíamos” estar haciendo más”, “porque hemos “perdido” mucho el tiempo”, “porque “tendríamos” que ser más productivos” … Vivimos en una sociedad en la que nuestra autoestima y autoconcepto y, por ende, nuestra valía como personas, queda ligada a nuestro rendimiento. En este sentido, muchas de las dificultades, anteriormente mencionadas, vienen derivadas del contexto en el que vivimos. Se nos pide, o más bien se nos exige, ser los mejores trabajadores, los mejores padres, los mejores compañeros… Ser productivos en todo y todo el tiempo. Por eso, como puede ser difícil echar el freno en un entorno en el que la posibilidad de bajar de revoluciones está muy castigada, ¿por qué no aliarnos con el tiempo?

Con este objetivo, aquí van algunas estrategias para una gestión del tiempo más equilibrada:

  • Prioriza tareas: no se puede hacer todo al mismo tiempo. Una buena manera de hacer una clasificación es elaborar una lista de tareas pendientes y ordenarlas según urgencia e importancia.
  • Si es importante y urgente: ¡hazlo ya!
  • Si es importante, pero no urgente: prográmalo, márcate una fecha tope.
  • Si es urgente, pero no importante: puedes delegar la tarea en otra persona. Y si no se hace, recuerda que no era tan importante.
  • Si no es urgente y no es importante: evalúa si de verdad es necesario invertir tu tiempo en ello. También puedes eliminarla o posponerla.
  • Establece metas realistas: es normal que sintamos que faltan horas en el día cuando las metas que nos planteamos son inalcanzables. Siempre necesitaremos hacer más y más para calmar esa voz interior que nos repite: “no es suficiente”. ¡Plantéalo de otro modo! ¿Y si divides tus objetivos en tareas alcanzables? Por ejemplo, incluye en tu lista de tareas solo aquellas que puedas cumplir ya que, en caso contrario, aparecerá la frustración. Para ello, ajusta expectativas teniendo en cuenta el tiempo del que dispones.
  • Establece rutinas diarias en las que también des cabida al descanso y la gratificación no asociada al rendimiento. Separa el tiempo laboral y el personal.
  • En épocas de mucha exigencia laboral, cumple unos mínimos: dormir lo suficiente, respetar al menos las tres comidas diarias y tener unos minutos de autocuidado (se tarda 1 minuto en comer una onza de chocolate, 3 minutos en hacer la rutina de skincare y 5 en verte un reel…)
  • Establece límites con respecto a tareas o actividades que suponen un coste adicional (no son necesarias, las haces por compromiso…)
  • Pide ayuda: aunque socialmente nos refuerzan mucho cuando nos convertimos en personas multitarea, es importante aceptar que somos seres humanos y no podemos con todo.

Como hemos visto, vivir en un mundo a contrarreloj puede tener consecuencias perjudiciales a nivel físico, emocional y social, tanto a medio como a largo plazo. Por ello, es importante encontrar el equilibrio entre hacer una buena gestión del tiempo (aplicando cualesquiera de las estrategias anteriores u otras) y el compromiso con el cuidado hacia uno mismo. En todo caso, es normal sentirnos sobrepasados por las demandas de la sociedad moderna. Es difícil priorizarnos en un entorno en el que, sobre todo lo demás, prevalece la productividad. Por eso, si crees que te está resultando difícil encontrar ese equilibrio, en Psicontigo estaremos encantadas de ayudarte.

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