Como ya hemos comentado en anteriores artículos, reconocer y nombrar las emociones (etiquetación emocional) está entre los primeros pasos para comprenderlas y gestionar qué queremos hacer con ellas. Aquí os dejamos un pequeño resumen:
Cuando tratamos de bloquear el dolor, terminamos también bloqueando la alegría, la ilusión, el amor.
MIEDO
El miedo se activa ante las amenazas. Nos protege de peligros y evita que asumamos ciertos riesgos. Su función es la búsqueda de seguridad: es una emoción innata, básica y necesaria. Para que sea adaptativo y funcional necesitamos saber cuál es la amenaza o de qué necesitamos protegernos.
IRA
La ira tiene mucho que ver con nuestro instinto de supervivencia. Es una reacción de protección. Su objetivo es hacer justicia y nos moviliza para defender nuestros derechos. La ira bien entendida y gestionada es, como todas, una emoción sana que nos ayuda a poner límites y a comunicar tanto lo que no queremos como lo que necesitamos. Para que sea adaptativo y funcional necesitamos saber cuál es la injusticia o qué necesitamos defender, cambiar y/o comunicar.
ASCO
El asco es una emoción que nos impulsa a alejarnos de los estímulos o situaciones que lo generan. Tiene una función protectora y sirve para cuidar nuestra integridad. Y no solo física, ya que, aunque el asco o la aversión se activa ante estímulos tóxicos, también se puede activar ante situaciones o conductas que rechazamos y de las que necesitamos alejarnos. Es decir, el asco también protege nuestra integridad moral. Para que sea adaptativo y funcional necesitamos saber qué rechazamos.
ALEGRÍA
La alegría es la emoción que aparece cuando algo nos resulta placentero. A diferencia de la felicidad, la alegría es de corta duración. Sin embargo, uno puede tener muchos ratitos alegres durante el día.
TRISTEZA
La tristeza es la emoción que experimentamos ante una pérdida de cualquier índole: una persona, un trabajo, una relación, un hogar, tiempo… Sirve para reelaborar las situaciones porque nos ayuda a parar, reflexionar y resolver. Para que sea adaptativa y funcional necesitamos saber cuál es la pérdida o qué necesitamos reflexionar.
SORPRESA
La sorpresa es una emoción que aparece frente a estímulos novedosos. Nos permite discriminar rápidamente cuáles son inofensivos y cuáles son potencialmente amenazantes para reaccionar ante la novedad. Para que sea adaptativa necesitamos saber para qué necesitamos prepararnos.
¿Por qué no damos un paso más allá? Os proponemos clasificar las emociones básicas en emociones de vivencia agradable o desagradable. ¿Cuál es el resultado? Nos encontramos que cuatro de ellas son de vivencia desagradable (miedo, ira, asco y tristeza), una de vivencia agradable (alegría) y otra, a veces agradable y a veces desagradable (sorpresa).
Y ahora, sabiendo esto, ¿cómo pretendemos estar siempre contentos? Si es cierto que el ser humano tiene una tendencia innata a buscar la felicidad, pero no debemos confundir estar satisfechos con nosotros mismos y nuestra vida con tener una vida libre de malestar. Este sería un objetivo tremendamente desajustado e irreal que nos llevaría a frustrarnos mucho. No podemos aspirar a ser amebas emocionales: a veces pretendemos no sentir porque nos resulta muy incómodo y eso, es imposible.
