Ser madre o ser padre es una experiencia que da vértigo y nos lleva a transitar y explorar
nuevas facetas de nosotros mismos.
Es una etapa en la que redefinimos nuestra identidad:
ahora contamos con un tercero que nos llama “papá” o “mamá” y cuya supervivencia depende de nosotros. Así, nuestros hijos crecen y también lo hacemos nosotros, no solo como
progenitores, sino también como individuos.
¿Por qué a través de la crianza de mi hijo conecto con mi infancia?
Para saber qué hacer con los hijos, nuestra mente buscará en el archivo de nuestra propia experiencia de crianza, lo que nos llevará a reflexionar sobre nuestra infancia y las experiencias que vivimos con nuestras figuras de referencia.
Además, tener hijos activa en nosotros el sistema de cuidados, pero con una diferencia fundamental: ahora somos nosotros los cuidadores.
Como hemos dicho, en la comunicación con nuestro hijo y en la atención a sus necesidades, rememoraremos experiencias ligadas a nuestra propia historia de cuidados. Puede ser que, en este recorrido por nuestra historia, nos encontremos recordando momentos felices, pero también aquellos en los que nos sentimos poco vistos, desatendidos, heridos…
Nuestros hijos crecen y también lo hacemos nosotros, no solo como progenitores, sino también como individuos.
Es esperable que todos los padres, a través de la crianza de sus hijos, entren en contacto con experiencias de comprensión, ternura, cuidados…. y, al mismo tiempo, con experiencias de miedo, indefensión, amenaza…
En este sentido, criar a nuestros hijos nos puede transportar a escenarios emocionales antiguos, brindándonos la oportunidad de reelaborar nuestra propia historia y, en caso de que sea necesario, sanar esas heridas que muchas veces ni sabíamos que habíamos dejado atrás.
¿Cómo sé que se me está activando una herida emocional?
Gran parte de las heridas emocionales se generan en la infancia, cuando nuestras necesidades no se ven cubiertas por un otro del que dependemos. Sin embargo, solemos notar su presencia a medida que vamos creciendo y formando nuevos vínculos y relaciones.
Veamos algunos ejemplos sobre cómo nuestras heridas pueden manifestarse a través de la paternidad/maternidad:
- Podemos encontrarnos a nosotros mismos con mucha ansiedad ante la mínima señal de autonomía por parte de nuestro hijo.
- Podemos sentir que necesitamos la aprobación de todos a nuestro alrededor para sentirnos “buena madre”.
- Puede ser que necesitemos comprobar constantemente que nuestro hijo nos quiere.
En definitiva, podemos encontrarnos a nosotros mismos experimentando emociones o reacciones que vivimos como demasiado intensas o desproporcionadas en relación a la situación que las desencadena.
Sin embargo, no siempre esa reacción emocional experimentada como fruto de mi herida emocional se corresponde con la vivencia verdadera del hijo en esa situación.
Entonces, ¿Cómo puedo ejercer una crianza “adecuada”?
Lo primero que tenemos que tener claro es que, por desgracia, no podemos olvidar nuestras heridas de infancia. Esto se debe a que los recuerdos que las activan no se pueden eliminar del archivo de nuestra memoria. Sin embargo, sí podemos transformar la herida en cicatriz para que, al conectar con ella, no nos genere esas reacciones emocionales tan intensas.
Es importante que nos paremos a comprender nuestras reacciones. Por desgracia, si no nos paramos en ningún momento a curar nuestras heridas, estas continuarán abiertas y el dolor permanecerá activo en nosotros, repercutiendo en la manera en la que nos relacionamos con nuestros hijos.
La clave está en identificar, comprender y cambiar.
1. Identificar: tomar conciencia de que la crianza de mis hijos es un acontecimiento activador de una herida emocional.
2. Comprender (“¿por qué me pasa esto?”): el inicio de todo cambio parte de la comprensión: ¿cómo he llegado hasta aquí?, ¿cuál es la situación en la que me encuentro?, ¿ante qué situaciones se dispara mi herida?, ¿qué otras alternativas tengo para gestionar esas situaciones? …. Es importante comprender cómo nuestra propia crianza puede influir en la forma de criar a nuestros hijos.
3. Cambiar: una vez identificada la herida y comprendida la propia historia, será mucho más fácil reconocer los patrones de funcionamiento que pones en marcha con tus hijos como resultado de una herida emocional de la propia infancia.
A partir de aquí, podrás empezar a generar un patrón de interacción alternativo con tus hijos mucho más ajustado a cómo te gustaría ser como padre o madre.
Esperamos que este artículo te haya ayudado a identificar si hay alguna herida que se está activando en la crianza de tus hijos. Si bien es posible sanar, recuerda que, al igual que la crianza, es un proceso continuo que requiere esfuerzo, pero también paciencia y autocompasión.
Ser padre o madre es complicado, los hijos no nacen con un manual de
instrucciones y por lo tanto, vamos a ir aprendiendo sobre la marcha y haciéndolo lo mejor que podemos con los recursos de los que disponemos.
