La comparación con los otros es un comportamiento normal, esperable y sano desde una perspectiva evolutiva. De hecho, es un proceso inevitable en la vida de las personas: todos nos encontramos o nos hemos encontrado ante situaciones en las que hemos valorado nuestras habilidades, logros y/o características en relación a los demás.
La comparación con los otros es un comportamiento normal, esperable y sano desde una perspectiva evolutiva.
¿Qué es la comparación?
Es la tendencia innata a evaluarse a uno mismo en relación a los demás para definirnos mejor, reducir la incertidumbre sobre nuestras habilidades y entender dónde nos situamos en el mundo. Hay una necesidad inherente e innata en el ser humano de evaluarse a sí mismo y, en ausencia de criterios objetivos, este suele recurrir a la comparación con los demás.
¿Por qué surge y para qué sirve la comparación?
Muchas veces escuchamos en consulta el rechazo hacia la comparación y el deseo y/o expectativa de que no sea nuestro acompañante de viaje en el tránsito por este mundo. A riesgo de desalentar la lectura del presente artículo, os voy a desilusionar en este sentido. La comparación es un mecanismo de supervivencia y cumple una función muy importante a nivel evolutivo: ha sido crucial para la adaptación y el éxito de los individuos a su entorno. Y siendo a veces tan desagradable, ¿para qué nos servía la comparación?:
- Competencia: antiguamente necesitábamos observar las habilidades de los miembros de los clanes o tribus contrarias para ajustar nuestro comportamiento y mejorar nuestras posibilidades de éxito. Por ejemplo: si observábamos que nuestros vecinos estaban encontrando comida en un área específica, podíamos decidir cambiar nuestro lugar de caza para aumentar las propias posibilidades de supervivencia.
- Selección de pareja: la comparación permitía a los individuos evaluar las cualidades de las potenciales parejas (fuerza, salud, capacidades reproductivas…) para escoger aquellas que ofreciesen oportunidades de descendencia saludable y viable.
- Evaluación del entorno para tomar decisiones teniendo en cuenta los diferentes aspectos.
¡Problema! Ahora no estamos en una sociedad prehistórica, sino evolucionada. Tenemos más potenciales tribus o clanes con los que compararnos (internet, revistas, grupos sociales más amplios…) Por eso, entender la manera en la que nos comparamos es esencial ya que, al ser un mecanismo evolutivo de supervivencia ineludible, no podemos escapar de ella o que no esté presente de algún modo en nuestras vidas.
No todas las comparaciones son iguales y la manera en que comparamos nuestras vidas con las de los demás puede llevar a resultados emocionales muy distintos. El objetivo es aprender a gestionarla de manera saludable: este proceso, aparentemente inofensivo, puede ser un arma de doble filo en función de cómo se lleve a cabo puesto que determina muchas veces cómo nos sentimos con nosotros mismos (determina nuestro autoconcepto y autoestima).
La comparación social bien enfocada nos puede orientar hacia el camino de la motivación, el aprendizaje y la flexibilidad:
- Motivación: compararnos con personas cuyas metas son similares a las propias puede inspirarnos para alcanzar nuestros propios objetivos. Nos puede dar pistas sobre qué es lo que queremos y cómo conseguirlo.
- Aprendizaje: la comparación con otros que han alcanzado objetivos similares nos puede enseñar técnicas y estrategias útiles.
- Flexibilidad: la comparación nos puede dar una perspectiva diferente a la nuestra, nos aporta maneras alternativas de ver la realidad.
No obstante, la comparación social puede conllevar efectos muy negativos cuando nos hacemos trampas a nosotros mismos en el proceso. La comparación pasa de ser constructiva a destructiva cuando solo nos fijamos en aquella parte de la realidad del otro que percibimos mejor que la nuestra sin tener en cuenta nuestro contexto y nuestras características personales o sin tener una mirada crítica hacia aquello con lo que nos estamos comparando (por ejemplo, en redes sociales la gente tiende a mostrar aquellos aspectos más positivos de su vida).
Algunas pistas para gestionar la comparación social
- Establecer metas personales: como se ha dicho, la comparación tiene una función evolutiva y es importante. Compararnos con los otros nos puede ayudar a ganar inspiración y motivación hacia el cambio para conseguir nuestras metas, podemos usarla para ver qué cosas echamos de menos en nuestra vida. Sin embargo, es importante entender que tenemos que hacer un esfuerzo para adaptar la realidad del otro a la nuestra. Por ejemplo: si tu meta es mejorar tu condición física, puedes seguir a atletas o entrenadores personales que comparten sus técnicas y progresos para adquirir hábitos similares, pero siempre diseñando tus propias metas para que sean realistas, medibles y alcanzables. Cuando las metas que te planteas son claras y específicas, las comparaciones se enfocarán en aspectos relevantes y manejables.
- Hacer un buen uso de las redes sociales: las redes sociales a veces pueden sesgar la percepción que tenemos de la realidad al mostrar solo aspectos positivos de la vida de las personas. Una buena idea es seguir a personas que compartan sus progresos, pero también sus desafíos.
- Reflexionar sobre las comparaciones: usar la comparación no solo para enfocarme en aquello en lo que yo “estoy peor”, sino para ver qué te está enseñando sobre tus propios valores: ¿qué admiras o envidias de esa persona y cómo puedes incorporar esas cualidades en tu vida de una manera realista?
En definitiva, la comparación es un mecanismo natural diseñado a nivel evolutivo que puede acercarnos o alejarnos a nuestras metas personales. Para que esta sea constructiva es importante reflexionar sobre ella para hacer un uso consciente e intencional que nos acerque a nuestros objetivos.
